Muchas veces sentimos los deseos de hacer muchas cosas, pero al mismo tiempo nos damos cuenta de que la motivación que es necesaria para llevar a cabo nuestros deseos es tan débil o tal vez nuestro cansancio es mayor que supera todos nuestros deseos, el caso es que dejamos a un lado todo eso que pensábamos hacer y nos quedamos con la idea y la frustración de que estamos en decadencia.
Lo malo de todo esto es que a veces sucede con mucha más frecuencia de lo que imaginamos y mientras más sucede, más grande se va convirtiendo el abismo que nos separa de una mente maravillosa a una mente mediocre que no es capaz de vencer los miedos, los obstáculos imaginarios, el cansancio y el hastío de la vida cotidiana, y más que nada la comodidad de la zona de confort, esa que nos mantiene en el limbo, entre el no hacer nada y el seguir soñando con que la luna es de queso, entre las preocupaciones de querer sobresalir y el conformismo de no hacer ningún esfuerzo, o simplemente encontrando una mediana satisfacción con lo que hacemos y engañándonos de que todo está bien, de que todo está funcionando como debe de ser.
Es sorprendente como pasan los cambios en nuestra vida sin que nos demos cuenta, o como ignoramos los cambios cuando no queremos verlos, cuando tratamos de tapar el sol con un dedo como decían nuestros padres, encontramos justificación a nuestras decisiones, a nuestra forma de actuar aun cuando sabemos que no es como lo habíamos pensado, pero encontramos la manera de engañarnos, planeamos nuevas formas de enfrentar nuestros fracasos, imaginamos nuevos desenlaces a nuestros errores y vamos formando nuevos caminos para llegar a donde no queremos llegar, para seguir siendo los mismos perdedores de siempre.
Hoy, ayer y mañana, se dicen como si no hubiera diferencias entre una y otra palabra, pero nuestra vida se rige por la importancia que le damos a cada una de ellas, muchos piensan que esa es la clave para encontrar la felicidad, otros que es la solución a nuestros problemas, sin embargo, tal vez solo sea la armonía para encontrar lo que siempre buscamos, para hacer realidad lo que soñamos, para saber llegar, no importa adonde porque se torna confuso, para respirar tranquilo sabiendo que lo que somos hoy o tal vez lo que seremos mañana solo sea una pequeña sombra de lo que fuimos ayer. A veces solo importa levantarnos si volvimos a caer porque lo que cuenta es que nos mantenemos de pie.